¡Que nunca termine su cuarentena! Mi

“La vida no se trata de encontrarse a sí mismo. La vida trata sobre crearse a sí mismo.” (George Bernard Shaw)

En muchos de nuestros países nos encontramos bajo una orden gubernamental de “Toque de Queda” o “Lockdown”. La orden ha sido que nos quedemos en casa, que hagamos nuestra parte, que evitemos salir de nuestros hogares por nuestro bien y el de todos. Y así lo hemos hecho una gran parte de la población. Pero sé que sin duda estamos ansiosos por regresar a nuestras vidas normales y salir a donde queramos sin ningún tipo de restricciones. Los resultados de este corto periodo de cuarentena ya son mundialmente notables. La naturaleza ha dado muestras de agradecimiento por detener nuestro afán en contaminar todo lo que esté a nuestro paso.

Pero en pocas semanas muy probablemente regresáramos al extrior y volveremos a convertirnos en ese poderoso virus humano, que ha intentado desde siempre acabar con el mundo en el que nos ha tocado vivir. Pronto volveremos a las calles a contaminar todo lo nos encontremos de frente. Y eso en realidad me aterra, y me ha llevado a meditar sobre que debo dejar para siempre en “Lockdown” y nunca permitirle salir. He meditado sobre esas costumbres terribles que no solo dañan al planeta, sino que en muchas ocasiones son capaces de acabar con todo ser viviente.

Sobre eso que deberíamos mantener en cuarentena eternamente, y nunca dejarle volver a salir, sobre eso a lo cual no debemos volver a darle cabida en nuestras vidas y sobre esos conceptos preconcebidos que tanto daño han hecho a muchos, sobre todo eso es que hoy te quiero hablar. Así que, si has llegado hasta aquí, te animo a continúes leyendo, para que no te pierdas de los detalles sobre qué y que no, dejar salir jamás.


“¿Quién eres tú para juzgar la vida que vivo? Sé que no soy perfecto, y no pretendo serlo, pero antes de empezar a señalar con el dedo… ¡asegúrate de que tiene las manos limpias!” (Bob Marley)

Una de esas prácticas que debemos dejar en cuarentena para siempre es nuestra obsesión por juzgar la vida de los demás. En la mayoría de los casos no somos capaces de sobre llevar nuestras vidas pero vivimos dedicados a cada detalle de la vida de mi prójimo. Somos expertos en psicología y para cada acción o comportamiento nosotros tenemos nuestra evaluación e incluso nuestros diagnósticos. Somos expertos en señalar las pequeñas faltas de nuestro vecino, pero no logramos pararnos frente al espejo y ver nuestras propias atrocidades. Nos han adoctrinado con lo que es correcto e incorrecto para algunos. Nos han hecho creer en los mismos cuentos que les contaron a ellos, pero lo más terrible es que muchos de nosotros a la fecha de hoy nos los seguimos creyendo.

Una de las palabras que yo erradicaría de nuestro lenguaje es la tolerancia. Para mí, esta palabra es la raíz de la hipocresía. Usted no tiene que tolerar nada, la vida no es asunto de tolerar el estilo de vida de los demás, las opiniones de los demás, los valores y principios de los demás. Usted y yo estamos llamados a respetar cada uno de ellos, y no a tolerar. Porque tolerar es como decir, “pues ni modo”, “que remedio”, y los que se quieren poner más religiosos aun, “yo lo tolero porque la Biblia me dice que tengo que amarlos”. No amigo mío, usted no tiene que hacer nada que usted no quiera. Cuando usted muestra respeto por una idea o concepto diferente al suyo, usted no lo hace porque se le obligue, no tolere, mejor respete. Usted y yo hemos decido respetar porque reconocemos que cada uno de nosotros tiene derecho a vivir como quiera vivir, si con su vida ni daña la suya ni la de los demás.

Saque de su cabeza la idea de que su verdad es absoluta y que no existe otra verdad. Esa línea de pensamiento de la verdad absoluta, solo es evidencia de que usted está absolutamente equivocado. Cuando termine este periodo de cuarentena y podamos regresar a la libre comunidad, sería maravilloso que dejáramos presos todos nuestros prejuicios, todos nuestros complejos de superioridad, y todas esas ideas, conceptos, valores y principios tan distantes del único principio real, “que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos.”

“Quien no vive de algún modo para los demás, tampoco vive para sí mismo.”(Montaigne)

Otra de las prácticas que debemos dejar en cuarentena para siempre, es nuestro supremo egoísmo. Hemos dado catedra pero de la buena, de lo que realmente estamos hechos. Nos hemos lanzado en manadas, si en manadas como los mulos, detrás de todo lo que pudiéramos comprar. Pero claro, solo pensando en mí y en mis futuras necesidades y como decía mi sabia abuela, “el que venga atrás, pues que arree.” Es casi inconcebible nuestro egoísmo y nuestra absoluta falta de empatía.

Sin duda el egoísmo es parte de nuestra naturaleza, solo tenemos que ver como un bebe de semanas tan pronto tiene hambre, abre su boca a llorar y a gritar hasta que alguien se apiade y le dé su biberón. No importa si mama durmió dos horas, no importa si papa acaba de llegar de doce horas de trabajo para bañarse y comenzar en su segundo empleo a tiempo parcial por cuatro horas más. Él bebe quiere leche y alguien me la tiene que dar y punto. Al fin, como he escuchado a muchos hijos decir; “acaso yo pedí venir a este mundo, verdad que no, pues entonces a suplir mis necesidades y listo.” Por supuesto ninguno de esos son ni mis hijos, ni mis sobrinos, ni mis sobrinos nietos, porque de seguro a esta fecha no tendrían dientes para masticar.

Nos hemos dejado influenciar de forma desmedida por el individualismo y hoy las cosas son, primero yo, segundo yo y si sobra un solo segundo de tiempo también es para mí. Una de mis citas favoritas de la Madre Teresa de Calcuta es y cito; “Quien no vive para servir, no sirve para vivir.” Servir es la experiencia más gratificante que un ser humano pueda vivir. El servir se convirtió en un concepto de degradación y menos precio, porque se confundió con la esclavitud. Pero servir no nos hace menos, todo lo contrario, nos pone en alta estima delante de los hombres.

En estos momentos de crisis, los héroes no somos los que nos hemos quedado encerrados para evitar contaminarnos y contaminar a otros. Los verdaderos héroes de esta película de terror, son todos esos hombres y mujeres que ofrecen servicios de primer orden. A todos ellos mi más profundo agradecimiento y mis palabras de bendición para sus vidas. Gracias por servir a su país con entrega, esfuerzo, dedicación, pasión y amor por lo que les ha tocado vivir. Gracias a todos los trabajadores de la salud sea cual sea su función. Gracias a todos esos valientes trabajadores de la limpieza y la sanitación. Gracias a quienes velan por nuestra seguridad y la de toda nuestra familia, gracias a los agentes de ley y orden de todo el mundo. Sin ustedes, esto sería sin duda un caos y la historia sería muy diferente.

Aprendamos a dejar el ego a un lado, desarrollemos un verdadero amor por el servir a otros. Pero por servir en silencio, tras bambalinas, en las sombras, no servir para publicar en las redes sociales para que su ego pueda satisfacer sus necesidades. Eso no es servir, eso es mercadeo, eso es publicidad, eso es falsa piedad y por supuesto pura hipocresía. Sirvamos de corazón, con entrega, con pasión, desinteresados pero apasionados por lo que hayamos podido dar. De eso se trata la vida, de recordar que; “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir.”

“Tanta prisa tenemos por hacer, escribir y dejar oír nuestra voz en el silencio de la eternidad, que olvidamos lo único realmente importante: vivir.”(Robert Louis Stevenson)

Ya lo dijo Julio Iglesias en su inmortal interpretación cuando dice; “de tanto correr por la vida sin frenos, me olvide que la vida se vive un momento.” La vida es solo un espacio demasiado corto, en el infinito tiempo del universo. Ya lo escribió el gran filósofo Seneca en su eterno ensayo; “De la brevedad de la vida.” Hoy estamos, mañana no sabemos, así que simplemente vivamos.

Aprendamos a vivir de forma intensa y apasionada, procurando dejar una huella positiva en toda vida que logremos alcanzar. Luego que finalice este triste periodo de tiempo en nuestras vidas, regresemos libres a vivir sin temores el tiempo que nos quede por vivir. Dejemos en cuarentena todos esos miedos que nos paralizan y que nos hacen dudar de lo que somos capaces de alcanzar. Que ningún temor salga a la calle nuevamente. Sellemos las puertas de nuestras vidas y evitemos dejar ni una sola hendidura por la cual se pueda escapar alguno de nuestros temores.

Dejemos a tras todo lo que nos divide, separa, y aísla de la maravillosa experiencia del compartir en amor y fraternidad. Demos paso al respeto por las ideas de otros, por los planes de otros, por las preferencias y por los sueños y metas de otros. Salgamos a la libre comunidad con corazones restaurados. Conscientes de nuestra responsabilidad en este mundo. No dejemos que los prejuicios y el egoísmo del ayer se nos escapen por las ventanas. Sellemos nuestros corazones y solo demos paso a la empatía, el respeto, el apoyo sincero, la amistad honesta y el amor real.

Que nunca pueden salir de su cuarentena todo lo que hasta hoy nos ha separado. Dejemos de medir a los hombres por lo que tienen y comencemos a mirar y analizar sus acciones. Ya lo dice ese libro multifuncional llamado Biblia; “de la abundancia del corazón hablara nuestra boca.” No podemos dar de lo que no tenemos, no podemos cosechar lo que no hemos sembrado y por supuesto no esperemos recibir lo que siempre le hemos negado a otros. Nuestra vida tiene que estar saturada de pasión, de entrega, de servicio, de compromiso, de compasión, de piedad y sobre llena hasta que sobre y abunde del más puro amor.

Pronto la vida nos volverá a dar una nueva oportunidad, pronto el universo dará paso a un nuevo tiempo y una nueva oportunidad de vivir. Demostremos que hemos aprendido la lección, demostremos que hemos hecho nuestra tarea y que estamos listo para movernos a ese próximo paso. Hagamos un compromiso real en primer lugar con nosotros mismos, de no volver a cometer los mismos errores. Que nuestra costumbre de juzgar la vida de los demás, sin tener ni siquiera idea de lo que ha sido en realidad, sea erradicado de nuestros estilos de vida. Asegurémonos de respetar la verdad de mí prójimo y nunca volvamos a pensar que si ellos no son como nosotros, que si no hablan como nosotros o que si no gustan de lo que gustamos nosotros, ellos están incorrectos. Simplemente ellos y nosotros pensamos diferente porque vivimos vidas diferentes.

Acabemos de una vez y para siempre, con ese señor llamado ego. Condenémosle a cadena perpetua y sin derecho a probatoria. Sentenciémosle a que nunca más pueda volver a ver la luz del sol por todo el daño que ha causado por años. Que no vuelva a ser libre nunca jamás, para que sienta en su propia piel, el dolor que han sentido todos los que los egos han causado por años a víctimas inocentes. En su lugar liberemos el servicio y llevémosle a cada esquina y rincón. Hagamos del servicio nuestra más grande pasión, y de la entrega nuestra razón de vivir. Hagamos el bien de forma totalmente equilibrada. No miremos a quien extendemos nuestra mano, solo enfoquémonos en las vidas que transformaremos de forma positiva.

Y por último, pero jamás menos importante, vivamos vidas intensas y llenas de pasión. Disfrutemos cada uno de nuestros días como si fuera el último. Vivamos enfocados en construir puentes y nunca muros. Procuremos con nuestra vida motivar a otros a querer vivir tan intenso como lo estamos haciendo nosotros. Y sobre todo, demos paso al respeto por las ideas de otros, por los planes de otros, por las preferencias y por los sueños y metas de otros. Salgamos a la libre comunidad con corazones restaurados, dispuestos y disponibles a hacer de este mundo un mejor lugar para vivir.

¡Que así nos ayude el cielo!

“Las dificultades están destinadas a despertarnos, no a desalentarnos. El espíritu humano crece a través del conflicto.”

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