Mi Inquebrantable Palmera

“Todo lo que soy y espero ser, se lo debo a mi Madre.” (Abraham Lincoln)

De niño recuerdo que cuando alguien se sentía triste, desanimado, frustrado o inseguro, era común escuchar una frase que decía algo así como; “no hay tiempo para tristezas, nacimos para ser como los robles, arboles grandes, fuertes y resistentes.” O sea, que se nace para crecer de forma majestuosa, y en nuestro tiempo proveer sombra a los hombres y ramas para que las aves construyan sus nidos en un ambiente seguro. Y por mucho tiempo esa frase calo en muchos de nosotros y crecimos y dimos sombra para el descanso de algunos y apoyo para la realización de otros.

Pero cada tiempo trae consigo sus propias necesidades, así que aquello que ayer nos hacía fuertes posiblemente hoy nos haga inadecuados. Los tiempos que nos han tocado vivir exigen de nosotros que aprendamos a ser cada día más flexibles y versátiles. La rigidez que en el pasado nos proporcionó la capacidad de resistir los embates de la vida, hoy podría ser nuestra principal razón de quebrantamiento. Hoy se necesita de una mayor capacidad de adaptación a los cambios en todos los aspectos. Para sobrevivir hoy necesitamos estar dispuestos a evolucionar y adaptarnos.

La naturaleza misma es la más grande escuela para aprender todo lo que necesitamos  para lograr subsistir, ante los cambios que se vivimos actualmente y los que están por llegar.  Uno de los mejores ejemplos que nos ofrece la naturaleza para ejemplificar la capacidad de versatilidad y flexibilidad de la que hablo, es la evolución que por siglos han tenido las palmeras. Habiéndose convertido hoy en uno de los elementos naturales más resistentes ante las inclemencias del tiempo.

Las palmeras no solo adaptaron su sistema de raíces, también adaptaron el desarrollo de sus troncos y como si no fuera suficiente con esto, también abrazaron la evolución en sus ramas y sus hojas. Es por esto que hoy por hoy tras el paso de una terrible tormenta, quizás podamos ver muchas de ellas un tanto dobladas y con sus hojas enredadas. Pero sin duda que en muy poco tiempo las volvemos a ver erguidas, estoicas, y con sus ramas  y hojas más que dispuestas para el próximo embate.

La historia adjudica a Santo Tomas la frase que dice; “ver para creer.” Así que para aquellos que no están tan seguros de la información que les acabo de compartir, les voy a contar una historia. Hoy les quiero compartir la historia de “Mi Inquebrantable Palmera.”

Hace algunos años nació una pequeña palmerita que no tenía idea en lo que finalmente terminaría convirtiéndose. Nació en un hogar humilde, producto del amor de sus padres. Pero el destino ya tenía programada muchas vivencias para hacerle crecer fuerte y al mismo tiempo flexible. A muy corta edad, el Capitán de la barca del destino decidió llegar y tomar con él a su amado padre.  Así la pequeña palmera creció bajo la sombra y tutela de su madre. Siempre fue diferente, enfocada, dedicada, emprendedora y valiente. La vida no le había dado espacio para los miedos, había que crecer y madurar a la mayor brevedad, si no quería que las malas yerbas la cubrieran.

Ya había llegado el tiempo de mostrar sus primeros ramos y lucían muy atractivos. Así un día el amor llego a su puerta y la joven palmera decidió darle una oportunidad al amor.  Aquel amor le llevo a tomar la más grande dedición de su vida, casarse y traer al mundo otras pequeñas palmeras. Desde cierta perspectiva el amor le jugó una mala pasada y como ya lo había planificado el destino ella, se quedó sola con sus tres pequeñas palmeras.  Ciertamente no fueron tiempos tan fáciles pero tampoco tan difíciles, porque a su lado siempre estuvo el apoyo y la protección de su madre y el apoyo igualmente de su suegra.

Con todo el esfuerzo y sacrificio del mundo llevo adelante sus tres pequeñas palmeras y parecía que todo iba como ella lo había soñado. Pero un domingo su segunda palmera salió con unas amigas, para encontrarse con otro plan del destino. Aquella salida resulto en un evento confuso que le llevo a un accidente que desemboco más tarde en que el Capitán de la barca del destino le invitara hacia un viaje sin regreso. Aquel evento desato los más terribles y destructores vientos en la vida de la inquebrantable palmera.

Pero ese mismo evento la llevo a descubrir su fuerza, su flexibilidad, su entereza, su compromiso con la vida y su valor como palmera madre. Cuando parecía que los vientos la habían quebrantado y tírado para siempre al suelo, poco a poco ella comenzó a dar muestras de que volvería a ponerse en pie.  Sin duda fueron momentos difíciles, muy difíciles para una madre que soñaba solo con ver a sus palmeritas crecer y dar frutos al ciento por uno. Sus otras dos palmeras estuvieron a su lado en todo momento, pero la vida de cada uno tenía que continuar. Así que,  un buen día su palmera mayor le confesó que había decidió irse de aquella tierra donde había vivido toda su vida.

Aquella parecía no haber sido la mejor decisión pero igualmente madre palmera respeto y le dio paso a su propuesta. Poco más tarde su pequeña y mimada palmerita también anunciaba que tomaba la decisión de realizar su vida. Así que con la salida de sus dos hijos, ella le dio una nueva oportunidad al amor y comenzó una nueva y maravillosa vida al lado de un palmero excepcional.  Pero mama palmera nunca ha cesado en procurar el bienestar para sus dos palmeras y las tres palmeritas producto de su pequeña y mimada palmera menor.

Hay una increíble alabanza que dice “todo se lo debo a Él.” Yo no tengo la menor duda de que todo lo que haya podido alcanzar y que todo lo que logre alcanzar en el futuro, todo se lo deberé a la misericordia del universo para con mi vida. Pero sin duda alguna, ese universo infinito, ha utilizado poderosas herramientas para hacerme alcanzar cada peldaño que haga logrado alcanzar. Y sin duda una de ellas y una de las más importantes ha sido mi adorada madre a quien hoy le he querido llamar Mi Inquebrantable Palmera.

Hoy que en muchos lugares del mundo se celebra el Día de la Madre, quiero honrarte a ti querida madre con este escrito. Tu vida, tu entrega, tu compromiso, tu dedicación y sobre tu amor, son una de mis más grandes inspiraciones. Tu valentía ante la vida para enfrentarte sola con tres hijos y hacer que los que hoy estamos a tu lado seamos dos personas de bien, es simplemente admirable. Tu dedicación, esfuerzo y compromiso con nuestro desarrollo me han llevado a abrazar los conceptos de desarrollo personal y empatía. Tú sembraste en mí el amor por servir a otros, pero no desde el escenario sino desde bambalinas allí donde nade nos ve. Mi enfoque absoluto hacia la excelencia es producto de tus constantes consejos cuando me decías; “en la vida todo lo que hagas hazlo con la más grande pasión, porque si fueras a ser barrendero, entonces debes ser el mejor de los barrenderos.”

Tu fuerza y determinación al superar la partida de mi hermano, me enseñaron que tenemos que aceptar que en la vida solo ocurre lo que estaba determinado ocurrir. Me enseñaste que la vida no se puede vivir sumergidos en el dolor de lo que no está en nuestras manos controlar. Me enseñaste que no hay tiempo para el papel de la víctima buscando la atención de otros. Aprendí que en la vida no todo suele ser como esperábamos, pero eso no significa que no podamos hacer limonada con los limones que nos lanza la vida.

Te agradezco amada madre por el privilegio de poder llamarme tu hijo. Te doy gracias por todas las noches que perdiste junto a mi cuando enfermaba. Gracias por no darme todo lo que quería sino por darme todo lo que sabias que me haría convertirme en el hombre que hoy soy. Gracias por tu respeto a mis decisiones, porqué a pesar que algunas de mis decisiones no eran parte de tus planes, entendiste que en mi vida quien tiene la autoridad para tomar decisiones soy yo mismo. Sin temor a equivocarme si hoy muriera y el cielo me permitiera volver y escoger quien sería mi madre, por supuesto que con los ojos cerrados tú lo volverías a ser.

Que universo continúe siendo tu más fiel aliado, que los vientos de la vida lleven la barca de tu alma siempre a puertos seguros y que hoy y por la eternidad seas inmensamente feliz.

¡Feliz Día de las Madres mi amada madre!

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